Viajo por las letras con la maleta llena de libros. Escribo novelas y relatos, pero si me siento poética la lleno de poesía o de lírica. Soy "cuentista". ¡Otros van más allá e incluso publican mis historias! Os deseo un paseo agradable por mi blog. Mis trabajos están registrados, podéis usarlos citando la procedencia y sin alterar su contenido, siempre y cuando se utilicen para actividades sin ánimo de lucro.

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viernes, 25 de noviembre de 2016

Desequilibrada y suelta - Publicado en Territorio de escritores -



Desequilibrada y suelta

Desde que te fuiste de un portazo y con la bruja que te presenté en aquella cafetería, me sentí morir.
Nunca más pude dormir sola, ni acompañada…
Me compré un perro y un gato, después un acuario y lo llené de peces y plantas, también de adornos: un cofre, un submarinista, un coral…También un aparato de música y le subí el volumen al máximo; los vecinos, extrañados por mi comportamiento, llegaban protestando. Les invité a comer, a cenar, e incluso a desayunar a primeras horas de la madrugada; tal vez eran altas horas de la noche, no sé, la tristeza me confundía.
Mis vecinos se compadecieron de mí y algunos se quedaban a ver el partido en casa, poníamos pelis de llorar, me encanta llorar.
Un día regresaste y me dijiste que ella no era una mujer, sino un hada mala, muy mala y que te hacía sufrir; pero no la abandonaste.
Un día te fuiste de este mundo, o te echamos quizás. ¡Qué pena!
A veces me siento y medito, después escribo:
Nos encontrábamos en la librería, yo era asidua y las personas cercanas sabían que la frecuentaba. Era por eso que no llamábamos la atención cuando nos veíamos allí.
Su matrimonio resultó ser un fracaso, pretendí arrebatárselo a la bruja, aunque solo fuera por venganza. Sería un crimen bonito si consiguiera que él muriera en aquella librería antigua, esa de siempre, la que tanto nos gustaba a los dos.
Después la asesinaría a ella.
Buscábamos unos libros y nos sentábamos en el sofá. Él tenía la costumbre de llevar el dedo a la boca cuando pasaba las hojas, ideé regalarle uno pintado con veneno transparente, ocurre en las películas. Ese día murió, se durmió en el sofá y no despertó. Resultó que su mujer ponía veneno en sus platos y sus vasos...
En esa librería antigua se respira ambiente agradable, muchos pasan por ese sofá verde botella, que antes parecía verde esmeralda. Me trae bonitos recuerdos,¡cuántos placeres me dio!
Ella está en la cárcel, le enviaré lectura; siempre gusta, entretiene.
Me aseguraré de que reciba su ...ejemplar.

María Teresa Fandiño
25/11/2016
Derechos reservados.




Imagen obtenida de la red




viernes, 28 de octubre de 2016

Hambrienta y poeta, la ladrona de ciruelas


EL JUEGO DE LAS PALABRAS

Hambrienta y poeta, la ladrona de ciruelas.

Todo empezó cuando se subió a aquel árbol.
Se sentó en una de sus ramas y comenzó a comer ciruelas sin medida y sin costumbre, dijo adiós a su régimen. Llegó el dueño del ciruelo, sacó un palo y comenzó a sacudir el árbol, no conseguía atizarle. Se cayó al suelo en una de estas movidas de rama, echó a correr y tropezó con un toro que venía de frente, la quiso embestir. Tenía fobia a los toros, seguramente por eso se los encontraba a menudo por aquellas tierras, lo cual siempre le producía una enorme conmoción.
Sin más dilación se subió a una valla, en aquel inhóspito lugar permaneció toda la noche sentada hasta que llegó la calma; el toro se cansó de aguardar por ella y se marchó.
Se fue cojeando, recapacitando acerca de tamaña estolidez.
La biblioteca, que abría en ese momento sus puertas, le dio confianza, refugio y asiento.
Escribió.
Fueron tantos y tan variados sus poemas que metidos en una coctelera salpicarían como serpentinas de colores el mágico espacio intelectual. Pudo soñar un mundo de colores con formas de animales mitológicos, consiguió olvidar miradas de ingratitud.
Sólo recordaba lo bueno. Un reloj obsoleto y un amor adolescente, pura química productora de importantes cantidades de endorfinas.
Llegó la cordura, espantó a las mariposas que revoloteaban por su cabeza como un tiovivo de feria.
Sus musas estaban inquietas.
Deseaba regresar pronto al huerto, sentarse en las ramas del árbol y de nuevo comer ciruelas; esta vez iría preparada con una gran bolsa. Deseaba que el dueño del ciruelo padeciera prosopagnosia y no pudiera reconocer de nuevo su cara en cuanto la viera.
Llevaría un par de amigos, unidad y compañerismo conseguirían llenar una bolsa entera.
Tal vez le dieran de palos pero ya no sería solamente por un par de ciruelas.



María Teresa Fandiño
27/10/2016



sábado, 8 de octubre de 2016

Como un flash

Como un flash

Con un chasquido de dedos
desde mi alma dolida
me enfrento al olvido
y a tu partida.

Con un chasquido de dedos
me despido
de tu alma perversa
de tus besos
de tu indiferencia.

Con un chasquido de dedos
me llevó un tifón ¡Sorpresa!
Uno que solo a mí me quería,
lamió las llagas de mis heridas
mientras tú elegías princesa.

Con un chasquido de dedos
pido al tiempo el olvido,
a la esperanza una nueva etapa,
al sentimiento buenos recuerdos
y a ti, que me olvides.
María Teresa Fandiño.
30/09/2016


martes, 4 de octubre de 2016

Destino: Venganza

Destino: Venganza.

Él abrió la puerta con sumo cuidado y recorrió el apartamento despacio, en silencio, de puntillas y como a cámara lenta; llegó buscando venganza. Sin embargo, ella, que lo había intuido, escapó como chiscando los dedos; salió de la ducha y aun mojada, se colocó una camiseta larga color verde; olvidó recoger el bolso, las llaves, el móvil...Salió por la puerta de atrás, a esas horas todos dormirían; esperaba encontrar las escaleras pero encontró el vacío; brillaba el sol. Muy despacio y de puntillas, caminaba sobre las nubes vestida de color esperanza; su camiseta húmeda secó al instante, el sol abrasaba.
Allí permaneció sin comida y sin agua; ante el astro rey cayó deslizándose en el aire a cada movimiento, a cada intento de sujetarse con los brazos, poco a poco; ocurrió cuando comenzó a llover.
Gritaba socorro, entre tantolas palomas la observaban sin poder hacer nada.

Él la aguardaba en tierra indeciso, con cara de lástima pero satisfecho, merecían morir las madres que devoran a sus hijos; su venganza hubiera sido amarga.

María Teresa Fandiño
26/09/2016
Imagen obtenida de la red


sábado, 1 de octubre de 2016

El salero de mis abuelas



El salero de mis abuelas.

Recordé que Poseidón a veces deja sueltos a sus caballos, les temía; supuse que el dios no sufriría un ataque de ira ese día precisamente. Me decidí, no sin miedo, y salí a navegar; unas horas después, en medio del océano, el mar estaba tranquilo.

Imaginé la zona llena de corales. Observé el horizonte, quizás los caballos de sal estuvieran libres y cabalgando, mas no les vi; con mi traje de buceo me sumergí en el agua. Una vez estuviera en el fondo del mar, no me afectaría el tamaño de las olas. Poseidón podría soltar a todos sus caballos, los más grandes y hermosos sin que apenas se notara. Encontré corales que parecían de colores; una voz maestra me recordó que los corales son blancos, los efectos de las algas los cubren de hermosos colores. Buceé hasta que anocheció, descubrí secretos en el fondo del mar que fui recogiendo en una bolsa; un camafeo y una moneda de euro.
Subí mi pequeño tesoro al barco, guardé mi traje de buceo y me tiré de nuevo al mar; cabalgué sobre pequeños caballos que comenzaban a llegar, sólo querían jugar conmigo, nadé hasta que me agoté; sentí la libertad al anochecer junto a ellos.
La melena al viento, una noche clara, olor a salitre; ese olor a sal que tantos recuerdos me trae. Recuerdos tiernos de la infancia, de aquellos días en la playa cuando de niña, junto con mi abuela, recogía berberechos.Tras lavarlos en agua de mar, a escondidas de mi madre y con aquel gesto de complicidad, los comíamos crudos.
Mis abuelas…Sé que yo, sin pretenderlo, fui la sal en sus saleros. Ellas amortiguaban mi disciplina ¡ellas eran la sal de la vida!

María Teresa Fandiño
23/09/2016
Derechos reservados



lunes, 11 de julio de 2016

Bendita tecnología

Bendita tecnología

Vienen a mí las palabras
en forma de letras extrañas
¡como un aluvión!
lo mismo de Francia que de Portugal
incluso cruzando el mar.
Me sorprendo cuando leo
“hoy hace mucho sol”
Miro al cielo...¡observo que llueve!
me pregunto ¿en qué país estoy?
Si es verano, o es invierno
¡no sé en qué hemisferio!
En el mundo de internet
se confunde la estación.
En mi vida pensé que pudiera existir
un mundo tan diferente al que de niña, conocí.
Santas redes sociales
merecéis una oración
Casi todos  buscan
en vosotras la esperanza.
Todos encuentran una alabanza
una proeza, un amigo, una pasión,
¡tal cual la vida real!
Encontré en este medio
mis dos pasiones
la escritura,
a la que me entrego con dedicación
junto con amigos,compañeros 
de la imaginación del escritor,
llegados de mundos lejanos y cercanos.
En algún que otro rincón,
reencuentros con el pasado
¡milagros que me emocionaron!
La ilusión y la imaginación
viajan, vuelan en redes de fantasía
a través de la tecnología.

María Teresa Fandiño
02/07/2016
Derechos reservados


domingo, 19 de junio de 2016

Semillas al viento, un deseo. Publicado por la revista digital de territorio de escritores



Semillas al viento, un deseo

Recorrí la playa despacio, caminé con paso firme y la cabeza alta; me dirigí hacia las cuevas que el mar con su erosión, forma en las rocas.

En el interior de la cueva la brisa del mar llegaba limpia y fresca. Disfruté del agua cristalina y sus murmullos; podía ver los peces a través de ella. Imaginé la riqueza de los fondos marinos más lejanos, donde ya es imposible llegar nadando. Allá, a lo lejos, vi una pequeña embarcación, ¡me pareció envidiable!; la observé durante horas con mis prismáticos. Sin embargo, al poco tiempo me percaté de que no era un barco de recreo, sino de pesca; los pescadores se peleaban; gritaban y sus gestos eran agresivos.
Entre todos consiguieron reducir y atar a un hombre enfurecido, después de un forcejeo.
A veces algunos de ellos enloquecen y sus compañeros los sujetan para que no hagan locuras. Lo había leído en algunas historias de sirenas, tal vez en algún cuento de Alejandro Dumas. Entonces imaginé.
Imaginé historias bonitas de amores de sirenas; dicen que ellas embrujan a los marineros con sus cantos y ellos, hechizados, guían sus embarcaciones hacia las rocas y allí, locos de pasión, las estrellan y desaparecen. Creí morir de miedo y salí de la playa mucho más rápido de lo que podría haber salido en cualquier otro momento.
Atemorizada las oí cantar desde mi dormitorio; durante toda la noche aquella sirena cantó como una diva. Me imaginaba los barcos zozobrando y a los marineros enloqueciendo. Me consolé pensando que tan solo eran imaginaciones mías surgidas de los cuentos que había leído, y me sentía patética, recordando el Quijote y su pelea con los molinos de viento. Sin embargo, aquel canto permaneció incrustado en mis oídos toda la noche.
Al alba corrí a la playa, imaginaba encontrarme los restos de un naufragio, maderas flotando abandonadas…incluso algún marinero muerto.
El sol lucía espectacular.
No vi en la playa nada malo y los delfines parecían felices esa mañana. Intenté relajarme y poder escuchar el susurro del agua en la orilla, sentir el tacto de la arena en mis pies al caminar. De pronto los delfines abandonaron sus juegos y escuché el silencio.
Permanecían mudas las gaviotas, el mar parecía triste.
Tropecé con ella. En brazos de Morfeo y cubierta su cola de agua, parecía exhausta, tal vez hubiera pasado la noche cantando para su marinero, mas él no pudo acudir. Dormía plácidamente, quizás reponía fuerzas para esa noche.
El mar la acariciaba, cálida y sonriente dormitaba la musa.
Comprendí que nada había entendido hasta entonces, que ningún hombre podría comprenderlo nunca.
Quizás sí una mujer…
Ella le amaba. ¡Le aguardaría cien años más! ¡Jamás cejaría en su empeño!
Tal vez yo pudiera aprender a cantar como ella.
Me alejé de allí y me acerqué a la arboleda que paralelamente acompaña al recorrido de la playa. El campo lucía floreado, recogí una flor de diente de león, soplé y pedí un deseo.
Tal vez se cumpliera…

María Teresa Fandiño
19/06/2016
Imagen obtenida de la red
Derechos reservados


lunes, 23 de mayo de 2016

El extraño refugio de la abuela - Territorio de escritores


El extraño refugio de la abuela.

Regresé a mi antigua casa con la llave del portal en el bolsillo, todavía quedaban algunas cosas por recoger.
Se podía escuchar el silencio. Entonces oí un alarido, ¡mi casa lloraba!, podía oír como gemían los árboles; morían conmigo.
Entré en su hall acristalado, a la derecha un reloj de cuco y el salón; los muebles cubiertos, los cuadros embalados...Llevaba pri...sa, debía salir de allí antes del anochecer, todavía temía a los fantasmas.
De frente se accedía a dos escaleras, derecha e izquierda, una abierta, otra cerrada. Cada una tenía su nombre escrito, Rosa y Poderosa; a través de Rosa accedíamos a nuestros dormitorios, nuestros baños y un pequeño estudio con biblioteca; la llamábamos así porque la pared era color rosa. La escalera "Poderosa" estaba prohibida, mi abuela guardaba allí secretos oscuros. Recordaba haber subido en una ocasión, y haber visto un gran cielo azul.
La puerta de abajo estaba abierta, subí aterrada, arriba, una puerta roída y apolillada cerrada con llave. Bajé las escaleras tan rápido como pude, todavía me imponía aquel cuarto. Me recompuse nada más llegar al hall. No habría más oportunidades, la casa sería vendida en un par de días.
Recordé una llave grande que ella guardaba en su bolsillo, también que subía frotándose las manos. La imaginé poniendo crema después de fregar. Fui a la cocina y hurgué en los cajones, las despensas, los botes de alimentos…El bote de crema llamó mi atención por su tamaño. Metí la mano hasta el fondo y la noté, una llave antigua.
Subí corriendo la escalera prohibida, abrí la puerta y me encontré de lleno con su secreto: la fantasía. Ventanales en una hermosa galería, mucha luz, un espejo muy grande, pinturas enrolladas sin enmarcar, un caballete, una maleta vieja llena de cartas y poesías de un hombre enamorado.
Libros, prohibidos en aquella época, apilados. Sus bordados.
Miré al techo, planetas y el sol dibujados sobre un fondo azul.
Aquel lugar había sido su refugio. Me senté en su butaca y mirando al jardín, olvidé los fantasmas.
Me sentí de nuevo en casa.

María Teresa Fandiño
23/05/2016
Derechos reservados
Fotografía tomada de la red



sábado, 2 de abril de 2016

COLOR DE PRIMAVERA publicado por territorio de escritores



De rojo en primavera.

Me vestí de rojo color cereza, escote pronunciado, poca tela.
Una cinturita amorosa.
Llevaba unos enormes tacones que manejaba como títeres, ¡una mañana de Marzo que lucía espléndida! Sus mañanas tienen cara de mariposas.
La primavera llegaba y su olor embriagaba, jazmín y rosas, hierba recién cortada. El calor subía poquito a poco. Salí a la calle con aquel vestido muy orgullosa, una cerveza en la terraza de un bar, cruce de piernas, ¡comienza la primavera!
Paseando por entre las hortensias le vi, su mirada se clavó en mí, en mi vestido color cereza, en mis piernas y, de arriba abajo, me observaba lentamente con sutileza.
Me sentí una diosa. Observé su mirada en sus ojos negros.
¡Cómo le sienta la camisa!
Y su sonrisa…
Me apasiona su pelo negro ondulado, sus hoyuelos, la cremallera de su pantalón vaquero y esa mirada suya cuando, sujetando mi cintura con sus brazos, me susurra al oído ¡te quiero!


María Teresa Fandiño
26/03/2016
Derechos reservados.
Imagen obtenida de la red









jueves, 24 de marzo de 2016

Rosalía y su extraña libertad

Os presento la revista actual de "Territorio de escritores",  aquí encontraréis poesía y relatos.
El mío, "Rosalía y su extraña libertad"  se encuentra en la tercera página.
Deseo que os guste.

Rosalía y su extraña libertad.

Mientras realizaba las tareas del hogar, Rosalía escuchaba música clásica y soñaba con salir de aquel maldito pueblo. Cada mañana preparaba seis camas,con sus seis colchones de lana. En la cocina le aguardaba la recompensa, una taza de leche caliente, recién ordeñada, junto a una enorme fuente de tostadas con azúcar que su madre preparaba para todos. Camino del colegio se encontraba con la misma gente. Rosalía soñaba con un príncipe que la llevara fuera de aquel maldito pueblo. Quería desayunar fresas, no hacer camas...Cerraba los ojos y escuchaba a Chopin, sus amigas la llamaban rara. 
Una noche llegó la policía a casa, no entendió el porqué de algunas situaciones de la época, mas alguien preparó su maleta sin dilación. A las cuatro de la madrugada partió de viaje hacia la casa de una tía suya, que vivía en la ciudad. Llevaba consigo un beso de su madre, la maleta y a su hermano pequeño cogido de la mano, temblaba de miedo. 
— Cuídale, Rosalía, es muy pequeño, -rogaba su madre.
Ella sólo tenía 13 años.
Encontró una nueva vida lejos de aquel maldito pueblo. En la ciudad, unos años después, conoció tipos ricos que la admiraban por su belleza, mas ella, mujer inteligente, deseaba que la valorasen no sólo por sus piernas y sus ojos verdes que resaltaban entre sus pecas y el pelo negro, sino por sí misma. 
Alguien le regaló un violín y una partitura que aprendió de memoria.
Siempre tocaba la misma melodía, le recordaba su casa al amanecer agitando colchones de lana, mientras en la radio sonaba Chopin; aún percibía el olor a tostadas recién hechas y recordaba a la gente que cada día, la saludaba camino del colegio. ¡Como deseaba regresar a su casa!, a su hermoso y querido pueblo; añoraba la libertad de pasear por sus calles camino de la escuela.
Su violín sonaba alto y fuerte, impedía escuchar el sonido de los llantos que el viento traía de su hogar. ¡Siempre aquel maldito viento!
Sentía como su mundo caía, como se desmoronaba bajo sus pies sin piedad. 
Sin libertad.

María Teresa Fandiño Pérez 
20/03/2016
Derechos reservados

10º Reto Anónimo Mensual




                                                         10º Reto Anónimo Mensual


jueves, 21 de enero de 2016

La lluvia Territorio de escritores

https://youtu.be/3Qpp2sNKtck


Reto Nº 41 La Lluvia


Gotitas de amor

Gotitas de amor intenso
resbalan por el cristal
Refresca en azul intenso
cuando acaricia la mar.


Inmersa en ti, mi alma añora
melancólica sonidos
de antaño, duelen y lloran
mudos ¡extraños ruídos!

Provoca en mí sentimientos
inmensos, ellos están
en el corazón inmersos.
Gota a gota surgirán

sin pudor. Oscura sombra
de la lluvia y los granizos,
yo, tranquila y soñadora,
ahogo en ti mis suspiros.

María Teresa Fandiño
21/01/2016


























sábado, 26 de diciembre de 2015

En Navidad ocurren milagros


                                          Imagen obtenida de la red


En Navidad ocurren milagros

Una Navidad de hace muchos años, bajo el reloj de pared Rosita me pidió que le diera un beso. Le pregunté el porqué y ella me dijo que quería ser mi novia. Me pareció muy raro porque Rosita era muy guapa y yo tenía gafas. Se enfadó mucho porque le dije que no, yo pensaba que se estaba riendo de mí.
Se fue muy lejos a un país muy raro, que estaba al otro lado del Océano y me envió una carta. Me llamó idiota y me dijo que no quería saber nada más de mí. También se rió de mis gafas. Se lo conté a mi amigo y me dijo que las chicas eran así.
Nos fuimos a jugar al fútbol.
Mi abuela me dijo que vendría Papá Noel y me traería regalos, pero yo no me lo creía porque Papá Noel no puede venir por la carretera con los renos. No dejan, le multarían.
Mi abuela preguntaba por ella, me decía que por qué no le escribía y yo le decía que Rosita se reía de mi.
Sonreía.
Una vez llegó un señor muy alto y me dijo que Rosita se acordaba mucho de mí y que estaba enferma. No me importó, me había llamado idiota.
Y se murió.
Y pasaron muchos años.
Una Navidad más, como las de cada año de los últimos cincuenta, el reloj de pared comenzó a sonar. Parecía haberse vuelto loco, nadie le daba cuerda desde hacía al menos veinte años. Miré hacia arriba, al desván, y allí parecía haber una sombra vestida de verde, un tenue verde esperanza, me pareció ver la cara de Rosita que me decía te quiero, te quiero, te quiero... una y otra vez.
Creía que me había vuelto loco.
¡Un milagro!, he visto a Rosita, grité, todos me miraron raro, nadie sabía ya quien era ella, sólo yo la recordaba. El porqué no lo sé, tal vez la quería, tal vez me hubiera gustado besarla, tal vez ella…me quería a mí.
Me miré al espejo, vi mi cara y ya no era la de un niño feo, era un hombre con arrugas que nunca había visto, las desconocía.
En Navidad suceden estas cosas, —parecía recordar las palabras de mi abuela—, ocurren milagros.
Desde entonces me acostumbré, no me da miedo.
En Navidad la aguardo. Cuando viene, Rosita se sienta a mi lado y me acaricia el pelo. Yo le dejo que me acaricie, me siento bien.
Tengo ya la edad de mi abuela, siento que la Navidad es magia, fantasía e ilusión, es la sensación de hogar, de sosiego y plenitud.
El año transcurre de Navidad a Navidad. En medio, la espera.
Echo de menos a Rosita.
María Teresa Fandiño
Derechos reservados
23/12/2015

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De mujer a mujer - Para la revista Territorio de escritores

Revista de Territorio de Escritores. Este nº se edita en apoyo de las víctimas de maltratos, en conmemoración del día 25 de noviembre de 2015.

Se trata de un conjunto de ediciones en prosa y en verso.

Textos especiales escritos, con generosidad y afecto, por una causa justa.

Deseo que os guste.

Incluye "De mujer a mujer", por María Teresa Fandiño. 


Reto Nº 40 No Te Quiere
 

 



Imagen obtenida de la red
 

martes, 13 de octubre de 2015

Una edad para el querer - Revista de Territorio de escritores, página 2.

UNA EDAD PARA EL QUERER

Fui cómplice de tu mirada un día, como una travesura.
y en tus ojos vi  ¡tanta dulzura!
Cada día, al despertar, me asomaba y tú aguardabas frente a mi balcón adornado con biznagas. Bajo el brazo, el periódico; en la cara, tu exquisita sonrisa. 
Un jilorio en mi estómago me llamaba al desayuno, muy de prisa pasaba la leche por el colador. Apuraba el cola cao y la tostada, con la esperanza de salir de casa en dos minutos. Mientras mi tía, que todo lo intuía, preguntaba.
— ¿Quién es él? —Aguardaba una respuesta certera y adecuada—, eres muy joven para salir con chicos, se lo contaré a tu madre.
Le mentía  — no debía decir lo que sentía “es el hombre de mi vida, el más guapo, el hombre que amo"
 — Es un amigo —una rotunda afirmación la dejaba completamente tranquila, o eso parecía—. Le coincide comprar el periódico cerca de casa y me saluda.

En aquellos días de alegría y juventud, me enamoré de ti con vehemencia, sin la consciencia de lo que, realmente, significaba el amor y aquellos latidos de mi corazón, que gritaba por ti.

Aquel día en la espelunca me besaste a oscuras y en soledad. Tu beso aún me sabe a miel y a melocotón. Aquel beso tuyo nunca lo olvidaré, corazón.
María Teresa Fandiño Pérez
Derechos reservados
11/10/2015
Fotografía: Territorio de escritores.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Una lujosa habitación en el Waldorf Astoria.

Una lujosa habitación en el Waldorf Astoria.

New York, escenario de películas y series de televisión; rascacielos llenos de pequeños apartamentos en las nubes, con acceso a gimnasio y piscina; apropiado para personas realistas, ellos pretenden ver el mundo desde el cielo, con objetividad y sin vértigo.
Salgo a la calle y no consigo ver el sol, voy sorteando gente que viene hacia mí con cara de maratón, apenas consigo alcanzar el carrito de los perritos calientes pero sí veo las limusinas, cada cual más bonita. Observo detenidamente la ciudad y siento desasosiego, me pregunto cuántas de esas personas son felices en esta ciudad. Me entra el pánico y comienzo a correr intentando adelantar a los transeúntes que pasean en forma de manifestación, intento llegar a Central Park ¡Imposible conseguir un taxi!
Sentada en unas escaleras con mi perrito caliente en la mano, siento frustración, hoy tampoco he conseguido llegar a Central Park.
Deseo volver a casa.
Aburrida, les observo detenidamente e imagino sus conversaciones y sus pensamientos. Entonces les intuyo en mi ambiente y consigo ver sus caras de satisfacción, sentados en el banco de mi jardín.
Cierro los ojos, me descalzo, paseo por la hierba, leo una poesía bonita bajo el farol de mi balcón…
Algunas veces intento recordar cómo fue mi vida allí, entonces salgo de mi casa descalza. Siento el calor del asfalto en mis pies y dirijo la mirada hacia la carretera que conduce al aeropuerto.
Me ahogo.
María Teresa Fandiño
21.09.2015
Derechos reservados
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Reto anónimo : La imagen
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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mini cuentos de verano
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domingo, 23 de agosto de 2015

La catedral mágia - Territorio de escritores-retos refrescantes

Verano- cuentos mini

LA CATEDRAL MÁGICA

Mis oídos piden atención; el viento, siempre tan fuerte, me ensordece y el dolor me impide salir de mi habitación con vistas. A través de una ventana mágica situada ante mi ordenador, observo impaciente. Dos días sin verle, mi corazón se muere de nostalgia como le ocurre a los grandes amores. Cuando la marea baja al límite y el sol comienza a ocultarse, se pueden pedir deseos a los dioses. 
Ellos pueden oírnos en la catedral mágica que el oleaje creó.
En mi momento de silencio, deseo escuchar el sonido de la brisa del mar.

María Teresa Fandiño 23/08/2015 Derechos reservados
Fotografía tomada de la red-Imágenes de google

Playa de las catedrales

jueves, 23 de julio de 2015

La catedral mágica


La catedral mágica
Mis oídos piden atención, el viento, siempre tan fuerte, me ensordece y el dolor me impide salir de mi habitación. Con vistas, a través de una ventana mágica situada ante mi ordenador, observo impaciente. Dos días sin verle y mi corazón se muere de nostalgia como le ocurre a todos los grandes amores. El mar y yo. Cuando la marea baja al límite y el sol comienza a ocultarse, se pueden pedir deseos a los dioses. Ellos pueden oírnos en la catedral mágica que el oleaje creó.
En mi momento de silencio, deseo escuchar el sonido de la brisa del mar.
María Teresa Fandiño
21/07/2015