Viajo por las letras con la maleta llena de libros. Escribo novelas y relatos, pero si me siento poética la lleno de poesía o de lírica. Soy "cuentista". ¡Otros van más allá e incluso publican mis historias! Os deseo un paseo agradable por mi blog. Mis trabajos están registrados, podéis usarlos citando la procedencia y sin alterar su contenido, siempre y cuando se utilicen para actividades sin ánimo de lucro.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Una lujosa habitación en el Waldorf Astoria.

Una lujosa habitación en el Waldorf Astoria.

New York, escenario de películas y series de televisión; rascacielos llenos de pequeños apartamentos en las nubes, con acceso a gimnasio y piscina; apropiado para personas realistas, ellos pretenden ver el mundo desde el cielo, con objetividad y sin vértigo.
Salgo a la calle y no consigo ver el sol, voy sorteando gente que viene hacia mí con cara de maratón, apenas consigo alcanzar el carrito de los perritos calientes pero sí veo las limusinas, cada cual más bonita. Observo detenidamente la ciudad y siento desasosiego, me pregunto cuántas de esas personas son felices en esta ciudad. Me entra el pánico y comienzo a correr intentando adelantar a los transeúntes que pasean en forma de manifestación, intento llegar a Central Park ¡Imposible conseguir un taxi!
Sentada en unas escaleras con mi perrito caliente en la mano, siento frustración, hoy tampoco he conseguido llegar a Central Park.
Deseo volver a casa.
Aburrida, les observo detenidamente e imagino sus conversaciones y sus pensamientos. Entonces les intuyo en mi ambiente y consigo ver sus caras de satisfacción, sentados en el banco de mi jardín.
Cierro los ojos, me descalzo, paseo por la hierba, leo una poesía bonita bajo el farol de mi balcón…
Algunas veces intento recordar cómo fue mi vida allí, entonces salgo de mi casa descalza. Siento el calor del asfalto en mis pies y dirijo la mirada hacia la carretera que conduce al aeropuerto.
Me ahogo.
María Teresa Fandiño
21.09.2015
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viernes, 18 de septiembre de 2015

Noa

Noa

Un rencor se enriqueció, ya ahogadas
la pasión, la ilusión de aquellos días
de la niñez lejana en que reías.
Luz y ternura, para ti heredadas,

permanecen en mí nunca olvidadas
Te fuiste, el eco y mi voz oías,
como duras torturas. Melodías,
ángeles al oído, tal vez hadas.

Aquella noche fría de reunión
de familia, un anillo para ti
¡Ahorros, esperanza e ilusión!

Y el fracaso alcancé cuando te vi
altiva y de su mano, corazón.
Mas nuestro amor de nuevo reviví.

María Teresa Fandiño
09/09/2015
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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mini cuentos de verano
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martes, 15 de septiembre de 2015

Toda una vida queriéndote


TODA UNA VIDA QUERIENDOTE

De niño me visitaban las brujas, se reían de mí y cuando pasaban por delante de mi habitación me gritaban, no, mejor dicho me chillaban, porque sus sonidos eran agudos y entraban por mis oídos ensordeciéndome. Desde mi cama las veía reflejadas en la pared, me miraban con sus ojos negros grandes y sus caras feas; cuatro pelos en la cabeza, largos y disparados. Apenas tenían cuerpo, eran pequeñitas con cuatro dientes muy afilados que parecían los de los lobos.

Después llegaban los fantasmas y las echaban, ellos querían pasear por la casa y fisgarlo todo. Paseaban toda lo noche por las habitaciones, sin embargo cuando me levantaba de la cama, ya se habían ido. Me había acostumbrado a que estuvieran por mi casa, y ya sabía por qué mis padres no me creían.
Mi profesora me dijo que sólo les ven los niños y que los mayores no pueden verles ni sentirles, y que por eso no creían en su existencia. No se lo conté nunca a ellos porque no me creerían. Eran tan mayores que ya no se acordaban y esas historias de los fantasmas les parecía una tontería; con el tiempo les habían olvidado, cambiándolos por otras cosas que les parecían mejores, les quitaban más el sueño y les daban mucho más miedo. A ella, mi profe, no le parecía mentira porque se acordaba todavía de ellos aunque hubieran pasado muchos años. Me dijo que ella no había tenido la ocasión de olvidarlos porque cada año se lo recordaban los niños. Entonces escribí sobre ellos en mi libreta, para que cuando fuera mayor no se me olvidara que existen de verdad y que los niños son los únicos que pueden verlos.
Todavía la conservo. 
Me miro al espejo y ya no soy el niño que veía fantasmas. Se refleja mi cara con ojeras, y algunas arrugas que debería ocultar, mi cara me recuerda a la de mi padre. Mirándome en ese espejo, recuerdo cuando él me decía aquello de “yo ya tengo pelos en las orejas”. No sé en qué momento me han salido canas, no lo recuerdo. Después de observarme detenidamente, le resto importancia a todas esas pequeñas cosas que se producen con el paso del tiempo y pienso en Rosita, pensar en ella me relaja. Me visto y salgo a la calle silbando una canción antes de subirme al coche, sujeto el volante con las dos manos y le digo
—Otro día más, enano.
Caen hojas secas en el jardín delante de casa, el verano nuevamente se acaba, parece que se va definitivamente, pero siempre regresa para casi todo el mundo. Paseando por las tardes, a lo largo de la playa, todas las farolas comienzan a iluminar muy temprano. Siento frío en mis pies, y en el horizonte el sol se acuesta tras el mar. Como cada día se esconde para dejarla salir a ella, la reina de la noche. Quiere ser la única en el cielo, él, el sol, siempre se reclina a sus pies.
Cada año, en esta época caen castañas de los árboles, las recogemos en un pequeño cesto y las asamos. Todos los años hacemos lo mismo, nos gusta pasar el tiempo haciéndolo, Rosa y yo llenamos un buen cesto. Comienza a ser rutinario.
Me gusta salir a la calle a dar un paseo con sombrero, me lo he comprado para cubrirme de la lluvia; comer castañas, las que recojo, no me hace gracia comprarlas; dormir profundamente por las noches, no me gustan los nuevos fantasmas así que no les hago ni caso, y cuando llega el invierno siempre me compro un paraguas nuevo. Rosita siempre se compra uno de colores, porque a ella también le encanta sentir esa sensación de estrenar paraguas. El de este año es verde.
Pronto llegará Navidad y, como cada año nos reuniremos todos los que podamos, y disfrutaremos de los que estamos. El tiempo transcurre como girando en una noria, cada vez que llegas abajo vuelves a subir y a bajar, sólo que cada vez que bajas tienes que volver a pagar. Vuelta a vuelta, voy conociendo gente nueva, unos creen todavía en las brujas, otros ya no, y otros, como yo, lo llevamos anotado en un papel para que no se nos olvide que son reales.
Hay un lugar en la montaña en el que existe una cabaña de cazadores abandonada, de niños solíamos jugar allí durante el verano. Cuando llegaba el otoño encendíamos el fuego de la chimenea. Enseguida refrescaba, allí pasábamos largas horas jugando a las cartas. En invierno nos acercábamos todos juntos al fuego y contábamos historias de miedo. Recuerdo lo bien que lo pasábamos, se nos pasaba el tiempo enseguida y alguna vez se nos hacía de noche, muchas veces tuvimos que dormir allí.
Todavía me gusta ir de vez en cuando, esta noche pasada me quedé en la cabaña, se me hizo tarde y me dormí mirando el fuego. Suelo burlarme de las brujas que habitan en él. Me divierte. La cabaña es conocida en todo el pueblo. Cuando la gente se siente sola, coge una manta y llega, sin más. A veces somos más de seis, otras veces sólo Rosita y yo, aunque ella viene pocas veces. Rosita tiene cosas escondidas bajo una tabla, chocolate, agua, galletas…una baraja para jugar al mus, ahora se pone gafas para poder ver las cartas. Las ha comprado de varios colores. Desde hace unos meses le gusta que le llamen Rosa.
El médico me ha dicho que el tiempo no perdona y que pasa factura. Ha pasado ¡tan rápido!…Ni siquiera tuve tiempo de casarme, estuve ocupado con mis otros fantasmas, debí de habérselo pedido a Rosa. Tal vez no sea demasiado tarde. 

—Hola Javier, ¿has dormido aquí toda la noche?
—Hola Rosa, buenos días, ¿qué traes en ese bolsa?
—He pensado en subirte el desayuno.
— ¿Por qué? ¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Has pasado por mi casa?
—Si, y tu hermana me ha dicho que no fuiste a dormir esta noche, que estarías aquí. Te he traído café en un termo, y un trozo de bizcocho.
— Mi hermana no tiene un pelo de tonta…Casi nunca desayuno.
—Lo sé, pero ahora debes cuidarte. Me han dicho que estás enfermo…Lo siento.
—Rosa, tú nunca te casaste, ¿por qué?
—No sé decirte, se fue pasando el tiempo y…Supongo que estaba ocupada con otras cosas, cuando me di cuenta ya tenía una edad para ser abuela.
— ¿Crees que el tiempo se ha ido para nosotros dos, que ya no volverá? Dime Rosa, tal vez no…
—No, pero el tiempo no es infinito, hay que disfrutar de cada tramo, Javier.
—Estamos en el tramo de la madurez feliz, la barriguita y esas cosas.
—Se trata de disfrutar cada ocasión, ésta por ejemplo. Aquí, contigo desayunando parece que no pasan las horas.
—A los dos nos gusta este sitio, nos trae recuerdos. Estamos a gusto.
—Siempre estoy a gusto contigo, Javier. ¿Otro trocito de bizcocho?
—No apuesta mucho por mí el médico, me preocupa.
— El médico puede estar equivocado, tendrás que visitar a otro, otra opinión no viene mal.
—Tengo poco tiempo, Rosa, ¿querrías pasarlo conmigo?
—Acaso no ves que ya lo hago…No me separaré de ti ni un minuto más. Ahora el tiempo es oro.
—Ya lo era antes, Rosa.
—Pero no lo sabíamos.
María Teresa Fandiño

Página 156 Revista digital Gealittera nº 13
La Coruña, España
Fotografía de "Revista Gealittera"


Revista digital Gealittera nº 13 Publicación Septiembre 
Pincha en el siguiente enlace, tienes poesías y cuentos para pasar un buen rato. 
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martes, 8 de septiembre de 2015

Siempre el mismo café

Siempre el mismo café
Ese día visitó el museo, había visto una pintura que le había conmocionado. Cada tarde de jueves la misma rutina, sin embargo esa pintura…Sus ojos le miraban fijamente, traspasaban su piel, su cara desencajada observaba fijamente aquella mirada que lentamente le subyugaba.
Esa tarde se tornó oscura, seguramente habría tormenta esa noche. Sin embargo, como cada día se reuniría con sus amigos en el café. Entró muy despacio, la imagen de aquella mujer le había puesto nervioso. Le recordaba a alguien; de pronto sintió escalofríos, se asustó de sí mismo. La entrada en el café parecía deshonrosa; el camarero de siempre, el de los grandes bigotes que atendía en la barra, le saludó atentamente como siempre.
—Cómo está Don Ramón…
Pero Ramón no pudo responder, aquel rostro…no le dejaba en paz.
Y como una pintura enmarcada en el gran salón de su casa, parecía obligarle a recordar toda una vida en su pueblo. Pero ¿Quién era aquella mujer?
La pintura databa del año 1800 aproximadamente.
Continuó su paso lento, en la primera mesa Doña Inés, con su gato persa, le miraba mientras daba de comer al animal en su regazo; a la izquierda una pareja de enamorados se hacían arrumacos mientras sonreían, se les veía felices; como siempre estaba Emilio, aquel hombre tan mayor, que, a su edad, volvía a ser universitario; el hombre ya estaba jubilado, sin embargo se sentía solo y había decidido vencer una batalla contra el alzheimer, que no la guerra, esta, la sabía perdida; al fondo, a la derecha, como siempre estaban los universitarios, siempre ocupaban dos mesas, llegaban como una jauría, con libros y carpetas, extendían sus apuntes sobre la mesa y estudiaban, o hacían que estudiaban, delante de unas cañas.
Al fondo solían estar sus amigos, Genaro ya había llegado, era temprano. Se acercó a la mesa, le saludó, mas le encontró con la cabeza colgando, como unos racimos de uvas maduras al sol, este hombre ya estaba a punto de pasar a mejor vida —se reía Ramón mientras le observaba—, quizás, pensaba Ramón, ya estuviera aburrido de tanto esperar. Se sentó a su lado, tomó un periódico en sus manos y comenzó a ojearlo. Genaro no despertaba, sintió una sensación extraña y decidió zarandearle.
El hombre cayó al suelo, estaba muerto.
De pronto, como una idea caída del techo, vino la imagen de aquella mujer a su mente, sintió un escalofrío…Había sido, tal vez, un presagio.
María Teresa Fandiño
07/09/2015
Imagen tomada de la red


lunes, 7 de septiembre de 2015

Asesinada por celos

Asesinada por celos

Cual Desdémona. Regresa
al hogar y a través de unas
cerraduras oportunas,
los salones atraviesa
Cien rosas sobre su mesa
restos de sangre,¡tragedia!
Rezando aquel hombre atedia
Sobre aquella Biblia abierta
una página le alerta,
de cómo la muerte asedia,

en párrafo subrayado
Observaba en unos platos
cabellos, hierbas, sustratos...
¡Duros recuerdos! Ha hallado
quien con saña la ha matado
Contra sus ojos se adentran
fieros cristales, y encuentran
cuencas negras ¡Su mirada!
La amarga venganza helada
y el gran amor, se reencuentran.

María Teresa Fandiño
Derechos reservados
07/09/2015

Imagen obtenida de google


lunes, 31 de agosto de 2015

*¡Lo qué tienes en tu alma, Wolfgang Amadeus!*

¡Lo qué tienes en tu alma, Wolfgang Amadeus!

Alegre bilis mágica, marquesa
de Pompadour, después de la derrota
en Rossbach de Luís quince, el Rey, rota
y orgullosa, su amante fiel, francesa

irresistible, le ama y embelesa.
Para su rey francés alguna nota
musical, ¡el precoz Mozart! Denota
apoyo a la cultura, la francesa.

Protegen a los músicos en Francia
Fagot, clavecín, bajos...Sintonía
en su época, y un gozo en consonancia

El músico tocó con maestría.
Tan exquisita fue la resonancia
de Amadeus, que lloró el rey de alegría.


María Teresa Fandiño
16/08/2015
Derechos reservados
Fotografía tomada de la red-google



Palacio de Versalles



                                           The Best of Mozart - Violin Sonatas Playlist Mix - Classical Music for Studying (Música Clásica)
                                                                                  https://youtu.be/gTEn6SRVAE4

viernes, 28 de agosto de 2015

La rumberita del Tajo - Pluma tinta y papel -

La rumberita del Tajo

Cuando llego del trabajo
aroma a tomate en rama
y en tu huerto, y en tu cama
me besas de arriba abajo.
Cuando pasas por el Tajo
moviendo con mucho esmero
tu cadera y tu trasero
Sonríes y me provoca        
sentir tus labios, tu boca
Sabes que por ti me muero

María Teresa Fandiño
Derechos reservados
Publicado por - Diversidad literaria en:
Pluma, tinta y papel





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                                                  Río Tajo a su paso por Aranjuez

miércoles, 26 de agosto de 2015

Testigo de un naufragio


De niños, mi hermano y yo, vivimos en un lugar
donde el sol se esconde.
La luna, tras las nubes, le aguarda
y, la muy celosa, sabiendo que el rey ama la mar,
sale presurosa.
A su encuentro, cada noche, hermosa
y como gata en celo, brilla radiante
buscando ser su esposa.

De niño soñé que, tal vez, un día
la marea me llevaría a un lugar lejano,
donde la brisa
sea templada y la mar más tranquila.
Soñé que mi barco, el que me regaló mi hermano,
me llevaría a donde él me aguarda. Sin prisa
navegaríamos, mi hermano y yo, en un barco
de vela que le regalaron un día
un día que está muy lejano
un día cualquiera, antes de que ocurriera
aquella llamada del infinito abismo,
Allí le acompañan las estrellas, lloran
las nubes y regañan los dioses, truenos, rayos, barcos
que surcan los cielos a través de osas, que moran
en ellos. 

Y el mar, testigo del sufrimiento
ruge, cual monstruo vivo
canta cual sirena enloquecida
a bocanadas se come la vida
a bocanadas, sin un lamento
a bocanadas, a manos llenas, a veces parece llorar
son cantos de sirenas, buscan barcos para naufragar.

María Teresa Fandiño Pérez
Derechos reservados
26/08/2015
Fotografía tomada de la red - google




domingo, 23 de agosto de 2015

La catedral mágia - Territorio de escritores-retos refrescantes

Verano- cuentos mini

LA CATEDRAL MÁGICA

Mis oídos piden atención; el viento, siempre tan fuerte, me ensordece y el dolor me impide salir de mi habitación con vistas. A través de una ventana mágica situada ante mi ordenador, observo impaciente. Dos días sin verle, mi corazón se muere de nostalgia como le ocurre a los grandes amores. Cuando la marea baja al límite y el sol comienza a ocultarse, se pueden pedir deseos a los dioses. 
Ellos pueden oírnos en la catedral mágica que el oleaje creó.
En mi momento de silencio, deseo escuchar el sonido de la brisa del mar.

María Teresa Fandiño 23/08/2015 Derechos reservados
Fotografía tomada de la red-Imágenes de google

Playa de las catedrales

sábado, 22 de agosto de 2015

La muerta exigía venganza

La muerta exigía venganza

Él la presintió cual alma que implora
En esa tumba que habita,ella llora.
Ramón sabía que permanecía fría
bajo lápida sepulcral,alrededor de su tumba
paseaba aterrado, vestido con capa negra.
Prendiose esta en una roca,
tropezó Ramón cayendo al suelo,
y, creyendo este, que la muerta de su capa tiraba,
clemencia pedía, se oyeron ruegos y súplicas como aullidos
Mientras ella, aprovechando la ocasión
rompió en alaridos exigiendo venganza.
El vigilante,en noches negras,
raudo y veloz del cementerio salía.
Sabía que se escuchaban llantos,
las dolorosas súplicas de ella
De un infarto se murió Ramón
junto a ella y, enganchada en una peña, su capa
medio rota se quedó
En esa tumba que habita, ella llora.
Él la presintió cual alma que implora.


María Teresa Fandiño Pérez
19/08/2015
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sábado, 15 de agosto de 2015

Y la tripulación en la Toscana



¡Y la tripulación en la Toscana!

Abrió la escotilla y salió a la superficie. Al cerrar vio que no podría volver a abrirla, se había atascado. No quedaba nadie dentro, él había sido el último en salir. Miró al frente y observó las montañas nevadas.
Todos se angustiaron, el capitán, asustado porque no sabía cómo lograría retomar el mando del submarino; el cocinero, porque había dejado el puchero al fuego; el alquimista, porque no sabía muy bien como convertir algo en oro que pudiera ayudar, y es que, a veces, el oro no sirve para nada. Se sintió culpable, él, un pobre marinero le dio un empujón a una escotilla. No había marcha atrás. Presintió la noche larga y fría que les aguardaba en aquella soledad compartida.
El capitán se autoinculpó, él debería de haber sido el último en abandonar el submarino; el cocinero se derrumbó, sabía que por su culpa todo se quemaría; el alquimista recordó que antes, cuando era muy joven, había asistido a una escuela de magia e incluso había ejercido durante un corto periodo de tiempo. Él podría convertir la escotilla de un submarino en cualquier otra cosa.  Cuatro mil conjuros después y, ante ellos, apareció una muralla de piedra antigua, parecía la parte de atrás de un castillo. Existían varias puertas, cada una de un color. El sol brillaba y sobre ellas, cestos de mimbre que recogían plantas llenas de jazmines, celindas y otras flores de primavera. Del muro pendían buganvillas y rosas, se podía apreciar su aroma.
El cocinero explicaba las entradas al castillo como él las entendía. La puerta verde era la de la esperanza, la amarilla traería mala suerte y la negra, seguramente, les llevaría a la muerte. Había una puerta roja pero el marinero creía que esa puerta les llevaría directamente al infierno. La puerta azul parecía la más apropiada.
El capitán decidió, porque estaba al mando. Cada uno iría por donde quisiera.
Primero entró el alquimista, lo hizo por la puerta azul, él sólo buscaba la oración, la tranquilidad, la paz…De la vida solamente pedía una cosa, poder realizar sus experimentos en un gran laboratorio y trabajar con metales, de forma espiritual, en busca de la piedra filosofal.
El marinero entró a través de la puerta verde, con la esperanza de poder regresar a casa, encontrarse con su madre, sentir de nuevo sus caricias y sus pasos cuando ella entraba en su dormitorio y le colocaba su uniforme recién planchado sobre la cama. Recordaba aquel olor de las mañanas, a café y tostadas.
Asustados les aguardaron un buen rato. La impaciencia hizo que el cocinero se encaminara a la puerta amarilla, no creía en la mala suerte y estaba muerto de hambre. Decidió terminar con aquella pesadilla, soñaba con un buen plato de garbanzos y un vaso de rojo vino. Cruzó aquella puerta muy animado.
Tampoco regresó para contar lo que había visto…
El capitán, muy desanimado, entró por la puerta negra casi arrastrando los pies.
Tras las puertas un par de guardias. Todos estaban presos ¡quién osa entrar en un castillo por las puertas de atrás, sin pedir permiso ni llamar antes de entrar!
¡Qué osadía!
Apareció un hombre muy feo y muy risueño, que poseía una nariz espectacular y un bigote muy extraño y muy largo, acompañado por la policía. Decía ser el dueño de la finca. Les preguntó por su procedencia, pregunta a la que no supieron responder.
El marinero, muy valiente, les contó lo sucedido.
— Cualquier puerta que escojamos nos conducirá a la realidad, a la que se accede como uno quiere y se encuentra con lo que hay —dijo el hombre sin más—, me parece que están drogados, pero en fin, eso ya no es de mi incumbencia.

Después de interrogarlos, uno a uno, la policía no consideró que su delito fuera grave. No estaban drogados,  al fin y al cabo las puertas estaban abiertas, no las habían forzado. Los dejaron salir y, en unos días, pudieron regresar a casa.
Nunca se encontró el submarino. Ni tampoco al marinero, que en Italia se quedó, haciendo caso omiso a sus recuerdos. Con una nota le bastó para que su madre  le comprendiera.
—Madre querida, en Italia me enamoré de unos lindos ojos verdes, de los viñedos y de su sol.
El alquimista, coronado de gloria por su gran hazaña, se quedó en Italia durante una pequeña temporada, permutando la magia por la alquimia en una escuela de magos.
El capitán se auto degradó.
Poco después, la nieve de las montañas se habían derretido, esa era la prueba irrefutable de la conclusión a la que llegó, en su ignorancia, el cocinero... “Seguramente fue el submarino que ardió y la derritió”, lloraba desconsoladamente mientras cocinaba para otra tripulación.

María Teresa Fandiño 
Fotografías tomadas de la red
15/08/2015
Derechos reservados




Fotografías tomadas de la red
15/08/2015















Fotografías tomadas de la red
15/08/2015

martes, 11 de agosto de 2015

¿Un paseito?, ven conmigo

¿Un paseito?, ven conmigo

Sucedió una mañana gris de un día cualquiera. Al despegar sintió la sensación de elevarse en una noria. Cuando vio las nubes se le antojó pasear sobre ellas. Construyó una casa con panel solar, señales de tráfico, y mucho espacio para dos.
Podría vivir una eternidad junto a ella sin tormentas, y, en su almohada, luz de luna cada noche.
Se despertó sonriendo, el piloto anunciaba aterrizaje.A nadie se le ocurriría pensar que solo quiso volar, como aquella noche que le visitó el mago.
Ella lo intuía y él deseaba llevarla a visitar su casa en las nubes.
María Teresa Fandiño
10.08.2015
Fotografía obtenida de la red
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domingo, 9 de agosto de 2015

Cangrejo asesinado en la playa



CANGREJO ASESINADO EN LA PLAYA


Elegante, y sin sentido
desnudo, cartera en mano
paseaba el muy marrano
por la playa sin vestido
luciendo lindo y curtido
¡sin bañador! Muy salado
cual bello pájaro alado
en la arena se sentó
y un cangrejo le mordió
sin toalla y bien sentado.
Los niños mueren de risa
¡Un melindre berenjena!
Grita el hombre ¡mi cartera!
Parece que tiene prisa
ya no muestra su sonrisa
Dolorido le mató
su cartera asesinó
al cangrejo que aún reía
y el melindre aún mordía
En puchero terminó
María Teresa Fandiño.
09/08/2015
Fotografía obtenida de la red
Derechos reservados


domingo, 2 de agosto de 2015

La luna se cela del mar

¡LA LUNA SE CELA DEL MAR!


Alegre y sonriente
Acude a la mañana
la aurora, canta una nana
para ella, que doliente,
loca por él de amor, siente
envidia del agua del mar.
Siempre se le ve brillar
él la llena de calor
ella, de miradas de amor.
El rey la quiere acariciar

María Teresa Fandiño
Derechos reservados
01/08/2015
Fotografía obtenida de la red




miércoles, 29 de julio de 2015

*Dame alas para volar

DAME ALAS PARA VOLAR

C. aminando con grilletes
A. ceras son insalvables...
P. or calles interminables
A. rduas cadenas, ¡cohetes!
Z. ¡arpazos! los que arremetes
Y. endo al frente contra el viento
A. rde el alma en un momento
R. ecobras una cordura
T. emprana y tu risa, jura
E. l canto obviar el lamento.


María Teresa Fandiño
29/07/2015
Fotografía tomada de la red



jueves, 23 de julio de 2015

La catedral mágica


La catedral mágica
Mis oídos piden atención, el viento, siempre tan fuerte, me ensordece y el dolor me impide salir de mi habitación. Con vistas, a través de una ventana mágica situada ante mi ordenador, observo impaciente. Dos días sin verle y mi corazón se muere de nostalgia como le ocurre a todos los grandes amores. El mar y yo. Cuando la marea baja al límite y el sol comienza a ocultarse, se pueden pedir deseos a los dioses. Ellos pueden oírnos en la catedral mágica que el oleaje creó.
En mi momento de silencio, deseo escuchar el sonido de la brisa del mar.
María Teresa Fandiño
21/07/2015




domingo, 19 de julio de 2015

La vida cotidiana






La vida cotidiana - Relatos
Antología. 18 Autores
Frank Spóiler, Ana María Lorenzo, María Teresa Fandiño, Julia Zapata, Mario Luis Vigueras,Esther Hernández, Jorgina Sarrió, Amalia Núñez, Gabriel Neila, Pablo Carrasco, Amely Duvauchelle, Antonio Florido, Joaquim Riera, Ángeles Jaime, Javier L. García, Olga Hernández,Texy Cruz, Mariana Villegas.

Editorial Libros Mablaz
ISBN: 978-84-943743-8-8
Páginas: 186
Disponible en la Web.  Datos sobre el libro, puntos de venta: Blog Editorial Libros Mablaz 




La reina de corazones

Siento una enorme satisfacción al poder compartir mi relato, "La reina de corazones", en esta preciosa antología dedicada a Ángeles Palazón, y  que se publicará en Navidad.

Muchas gracias por vuestro esfuerzo, Francisco Javier Illán Vivas  y Toñy Riquelme.

http://acantiladosdepapel.blogspot.com.es/2015/06/relatos-seleccionados-para-aparecer.html?spref=fb



Se rueda...Augusto, ¡primera toma!


Se rueda...Augusto, ¡primera toma!
Texto de María Teresa Fandiño
Locución de Juan Izquierdo
Música: Gloria, de Vivaldi
Imagen de google
12/06/2015
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Poemas de amor
III Antología poética, de libros Mablaz 
Compendio de poesías que fluyen de la pluma de varios poetas, en total 29, con la intención de dar a conocer estos bellos versos que conforman un ejemplar especial, una joya poética en la que participo aportando tres poemas.





http://editoriallibrosmablaz.blogspot.com/2015/02/con-el-mes-de-febrero-llega-nuestras.html

miércoles, 15 de julio de 2015

Muero por verte


Muero por verte , de María Teresa Fandiño
Me enamoré de ti a primera vista, de tu mirada penetrante como la luz de tu sol; de tu boca, cantos de ángeles celestiales, como las campanas de tus tres mil Iglesias al unísono. De tu olor, hueles al perfume de tus flores en las grandes plazas. Me enamoré de tu cuerpo esculpido, en figuras de grandes romanos provocadores de pasiones. De tus grandes y anchos hombros, cuando me meces en mi cuna y en mi historia.
A las orillas del Tiber, recostada al sol, me deleito con el intercambio de tus fluídos. Cuando tu río besa tu mar deseo ser gaviota y volar a la par que corren las aguas del río al pasar.
Mas revivo en tu fiesta mi muerte, como cristiana despedazada por leones. Allí, en el centro del circo me parece ver el dedo de Calígula girar hacia abajo, “muerte a los cristianos”
Cierro los ojos y allí estoy, muero por verte, ¡Roma, mi gran amor!
María Teresa Fandiño
15/05/2015
Derechos reservados




*María quiere morir en la cama

María quiere morir en la cama

Ella perdió a los suyos en la guerra
entre familias, esos primos vanos
antes habían ido de las manos.
Fue aquella guerra sórdida y muy perra.

Ella, María, no teme a la tierra
ni regresar allá con pelos canos.
Muchos almuerzos salen de sus manos.
Teme a vivir la vida que la encierra

y a quien deber curar y alimentar
¡Dios les dará!, cansada de rezar
llega María, quema buena leña.

Esta maldita crisis no se acaba
¿Cien años he de ver?, se preguntaba,
¡He de morir gastada como peña!

María Teresa Fandiño
08/06/2015
Fotografía de la red


Y de nuevo me cegó la luna

Y de nuevo me cegó la luna

Brillaban mil estrellas en el cielo
te llamaban mis lágrimas a gritos
Palabras dulces, besos suaves, tiernos
recuerdos de susurros al oído

Brillaba luna llena sobre un sueño
que sedujo, mas otra vez el río
triste por la nostalgia de tus besos
testigo de un amor tan enfermizo

se iluminó de fuego, y aquel eco
repetía promesas sin sentido
Dejé en aquel lugar tristes lamentos

Lejos de ti sentí como un vacío
nuestra vida cambió, en ese momento
mi amor, por ti hubiera enloquecido

© María Teresa Fandiño
04/04/2015
Derechos reservados
Fotografía de la red


Un hechizo de esperanza

Un hechizo de esperanza

Una virginidad bien instruída
un destino final, esposa fiel,
la dama, buenamente tan fingida
como un peine de plata, suave piel

Rencores y traiciones sin medida
Amables suaves besos como hiel
y en un sólo retazo de su vida
una locura, sin sentido, infiel

Y con tal desatino en ambrosía
cruel, despliega su bonito y rizo
pelo de mandarina, poesía,

un tesoro, alas, un color rojizo
en absorbancia, suerte en armonía
algún trébol de cuatro, y un hechizo

María Teresa Fandiño ©
30/03/2015
Derechos reservados
Fotografía de la red




Nubes en Florencia

Nubes en Florencia

Fingiendo amarme, tú, un alma perdida
Silente te acercaste a mí en Florencia
¡Amor! ven, me dijiste, y atraída
en mí nació la cálida indulgencia

De pronto dura, cruel, necia incongruencia
sentí que me arrancabas dolorida
el alma,¡traicionero sin clemencia!
Con tal frialdad recién acaecida

lograste mi locura en tul envuelta
Cual fina lluvia lloré, te llevaste
el aire, quiero ser paloma suelta

poder sentir el sol que me robaste
Verás un nubarrón negro en el delta
del río, como tal, agonizaste.

 María Teresa Fandiño ©
15/07/2015
Derechos reservados
Fotografía de la red






viernes, 10 de julio de 2015

Cuéntame una historia

Sueños de una mujer del norte, de María Teresa Fandiño

Su casa estaba situada ante la playa, cuando la marea subía el mar entraba en su portal. Desde sus ventanas, ajadas por el viento y el salitre, se podía ver la tormenta marina y el mar rugía. Cuando la noche ennegrecía, la luna y las estrellas con negra sombra le temían.
Ella nunca se acercaba a los cristales de las ventanas que, entre maderas, habían perdido su juventud, la madera húmeda y roída por el salitre no les protegía. Elena observaba la negrura de las noches, un mar incontrolable que huía y regresaba cada día y cada noche. Sus olas parecían crecer metros y sus mareas, amenazantes, sonaban trágicas. Sin embargo Elena imaginaba hermosos paisajes ocultos a la vista humana, una tierra poseída llena de bosques y volcanes subyugados, encarcelados por las aguas que dominan sin piedad.
Desde una confortable cama, en un colchón de lana y almohada de plumas, Elena aguardaba cada día el amanecer. Al alba, salía de su casa a la hora que el mar se lo permitía, como residente en una cárcel natural, mas cuando la marea tocaba baja, un placer le reconfortaba. Sus pies tocaban la arena de la mañana, las gaviotas revoloteaban, el cielo azul intenso a veces, otras de color gris, y aquel paisaje de rocas, le hacían olvidar las noches sin estrellas.
Y se marchó, y en una casa con ascensor recordaba aquellas rocas erosionadas por el mar. Castillos de puertas abiertas, acueductos, arcos, leones y elefantes, todo un mundo de fantasía compañero de vida. Allá, en su pequeño apartamento, en su casa con ascensor, parece ser feliz. Mas cuando le preguntan qué es lo que más echa de menos de su tierra siempre contesta: la mar.
María Teresa Fandiño
Derechos reservados
10/07/2015





domingo, 5 de julio de 2015

Como gaviota loca

Como gaviota loca

Vienes a mí con tu dulce vaivén
rozas mi piel con tus olas, tu espuma
en mi alma brilla gris plata y rezuma
suave tacto, caricia cual satén

Cuando huyes y la luna dice ven
ocultas tu color, cubres, con suma
precaución, piedras y rocas con bruma
alguna barcaza y algún rehén

Barco con capitán previó la muerte
sus velas lloran de pena, sofoca
su llanto desde que arribó inerte

A veces eres cual gaviota loca
alegría en la popa, en proa suerte
Siempre de libertad llenas tu boca


 María Teresa Fandiño ©
04/07/2015
Derechos reservados
Fotografía de la red