viernes, 16 de junio de 2017

¡Qué buena idea! - Para la revista Gealittera.

Os dejo la revista Gealittera del mes de Junio. Ha quedado preciosa, viene llena de poesía y relatos. Deseo que os guste y la disfrutéis.
http://revistagealittera.blogspot.com.es/2017/06/gealittera-34-viaje.html


¡Qué buena idea!


Durante los últimos meses aparté dinero y lo escondí en mi caja de música. Al abrirla suena una canción y, como si agradeciera mi esfuerzo, una bailarina me alegra el corazón.
Cada mes me costaba un mayor esfuerzo, pero me sentía más cerca de ese viaje que me gustaría hacer. Deseaba visitar Florencia o bien el palacio de Versalles en París…
¡Imposible!
No alcanzaba. El dinero salía al mismo ritmo y de la misma forma que entraba en la caja. Me sentía agobiada y necesitaba salir de mi casa, viajar…Ni siquiera a través de la ventana podía apreciar el paisaje; allí permanecía la bruma junto al río que, armonioso, parecía susurrarme al oído mientras la humedad del ambiente rezumaba con generosidad.
Durante unos años sufrí en silencio, me consolaba viajar a través de la pantalla del televisor; sentada en mi sofá la envidia hacía mella en mí, me rechinaban los dientes, me mordía la uñas…Deseaba situarme en cada lugar con el que me sorprendía aquel programa de televisión. Viajé por todo el mundo, recorrí las costas de Italia y de Grecia; más tarde visité la Capadocia y Estambul en Turquía. Recorrí la selva negra en Baden-Wurtemberg, Alemania, y paseé por el parque Lazienkien, en Varsovia, escuchando un concierto de piano de Chopin. Crucé el puente de Londres, y visité su museo de ciencias naturales. Estuve en la Torre Eiffel de París, allí creí ver al aviador que pasó bajo la torre hace tantos años y paseé por el jardín de las Tullerías. Me fascinó Miami, Buenos Aires y Perito Moreno, la ciudad de Nueva York llena de edificios gigantes, de gente, de comercios y luces de neón…
Mis viajes virtuales no me satisfacían, al igual que en una película de amor, no podía saborear su tacto. Un día, de visita en el metro de Moscú casi me da un ataque de envidia, de agobio o una mezcla de ambos. Necesitaba tomar una medida urgente.
¡Ahorré todo cuanto pude! Intenté prescindir de la peluquería, de cenas con amigos, rebajé presupuestos…
¡Imposible!
Mi vida interior se enriquecía cada vez más como consecuencia de mi aburrimiento. Debería de vencer aquel estancamiento o entraría de lleno en una depresión. Me sentí ineficaz para llevar una economía doméstica, pues no era capaz de incrementar mi recaudación. Siempre aparecía un gasto extraordinario, si no era la rotura de un grifo, era la del automóvil.

Soñé con una pradera llena de billetes verdes, ese día descubrí que estaba obsesionada, era urgente en extremo tomar medidas.

Tomé una decisión, robaría. Lo haría de una forma inteligente, no quería acabar en la cárcel; desde allí no se puede viajar. Después de meditar sentada en el suelo, en mi posición de indio en las películas antiguas, se me ocurrió algo brillante.
¡Qué buena idea!
Me apeé de mis tacones y me enfundé unas zapatillas roídas; dejé de ducharme cada día, pues una vez por semana me daría mejor imagen y me bastaría…me presenté en «la cocina económica» allí dan de comer a los pobres; fuimos en manada, claro está, pero me ahorré un buen dinero cada día.
Además adelgazaría.
Un día, al atardecer, me encontré en una esquina suplicando: deme algo, deme algo…
¡Y me daban!
La gente me preguntaba por qué pedía, y yo gritaba: ¡ITALIA! ¡ITALIA!
Realmente deseaba con todas mis fuerzas llegar a Italia y poder regresar después a casa, claro está; como hablaba con acento italiano, me creían. Me sirvieron las clases de italiano que había tomado en aquella época de «vacas gordas», en la que había viajado; había podido permitírmelo.
La gente se paraba, les daba lástima y siempre tenían un dinero para mí, creían que pedía para regresar a mi casa.
Yo, inmutable.
Al final del día les doy algún dinero a mis compañeros mendigos, ellos lo necesitan para comer…Esa acción me hace sentir pletórica, me consuela pensar que al menos puedo sentirme bien de esta forma.

Sin embargo alguna vez pienso: «A ver si alguno de estos está pidiendo para irse de viaje….» Pudiera ser, mas «No deben pagar justos por pecadores»
Cierro los ojos y me veo ya en la Plaza de la Señoría observando al falso David de Miguel Ángel, o tal vez en la Galería de la Academia visitando al verdadero.

Cierto es que allí estaré, ¡hoy he comprado mi billete! mi caja de música suena más y más...

María Teresa Fandiño
15/06/2017
La Coruña, España
Derechos reservados
















Imagen de Florencia tomada de la red.

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